El Bosque de San Muriel
Diseño conceptual, Proyecto de Ejecución, Dirección de obra, Dirección Técnica y Mantenimiento.
Un jardín que respira estaciones
Un proyecto donde la naturaleza toma el protagonismo absoluto.
El espacio original era un terreno vacío, sin estructura ni vegetación, pero con un potencial enorme. La intervención se articula en dos mundos complementarios:
un bosque atlántico de frondosas, lleno de coloraciones otoñales,
y un paisaje naturalizado vibrante, cambiante todo el año y con un enorme valor para la biodiversidad.
El proyecto nace inspirado en el Jardín Phares, que el cliente visitó y del que quedó profundamente enamorado.
Quería algo parecido: un jardín que se viviera por estaciones, que cambiara cada mes, que tuviera alma.
Propuestas y decisiones
Los renders iniciales, trabajados desde la misma vista, permitieron al cliente comparar atmósferas y elegir la temática final del jardín. Cada propuesta mostraba una posible lectura del espacio: más bosque, más naturalizado, más contraste, más calma.
La propuesta aceptada —la que hoy existe— guarda un paralelismo sorprendente con las imágenes finales del jardín ejecutado.




El origen: un terreno desnudo
A vista de dron se apreciaba un espacio completamente vacío, con la nueva edificación recién terminada y un terreno degradado. Fue necesario aportar un nuevo sustrato vegetal en todas las zonas para garantizar el desarrollo del jardín.
Técnica y precisión en la ejecución
La obra, de casi un año, integró múltiples sistemas:
drenaje convencional conectado a un depósito modular enterrado (SUDS),
un jardín vertical con sistema Growall,
riego por goteo enterrado en todas las zonas plantadas,
un replanteo minucioso de arbolado y arbustivas.
Un proyecto donde la técnica sostiene la belleza.
Cierre
Un jardín que cambia con las estaciones y demuestra cómo la naturaleza transforma un espacio vacío en un lugar lleno de vida.



































