Un jardín que quería parecer naturaleza
Este proyecto nace del deseo de recrear, en un entorno doméstico, la sensación de bañarse en una poza de montaña. El cliente buscaba un jardín profundamente natural, integrado en el paisaje, donde la piscina no se leyera como un vaso construido, sino como una pieza de agua que siempre hubiera estado allí, como ocurre en las pozas de La Pedriza.
La propuesta imaginaba un jardín que no imitaba la naturaleza, sino que la interpretaba: taludes suaves, rocas, vegetación espontánea, texturas cambiantes y un agua que se integraba en el terreno como si lo hubiera excavado el tiempo.
Una idea que se construye desde el paisaje
El diseño conceptual proponía una piscina que se leía como una poza, rodeada de un paisaje naturalizado: rocas, pendientes suaves, vegetación de carácter serrano y una transición muy cuidada entre la vivienda y el entorno.
El objetivo era que el jardín no pareciera diseñado, sino descubierto. Un espacio donde el agua, la piedra y la vegetación formaran un conjunto coherente, sereno y profundamente ligado al lugar.
El origen: un terreno degradado tras la obra
El punto de partida era el típico estado posterior a la construcción de una vivienda: terreno compactado, sin estructura agronómica, con restos de obra y un espacio sin vida. Como contrapunto, la finca conservaba un antiguo pozo de agua que se integraría en la propuesta como pieza de memoria del lugar.
Un proyecto que no llegó a construirse
El diseño avanzó hasta donde los clientes pudieron: una propuesta conceptual sólida, inspiradora y técnicamente coherente. Sin embargo, antes de iniciar la obra, tuvieron que marcharse y vender la vivienda, dejando el proyecto en su fase más bonita: la idea.
Aun así, el concepto queda como un ejercicio claro de cómo un jardín puede convertirse en paisaje, y cómo el agua puede ser el hilo conductor de una intervención naturalista.
Cierre
Un proyecto que imagina un río donde antes solo había tierra compactada.
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